Si hay algo que se le debe reconocer al arte es su inmensa capacidad de transformar y resignificar todo lo que toca, pisa, interpreta y dibuja: el arte es el único camino que todos deberían andar para dar pasos certeros hacia la transformación social. Para la muestra un botón, lo que alguna vez, en el Valle del Cauca, fueron las bodegas de la Industria de Licores del Valle, hoy se ha convertido en un complejo donde se crea la danza y se fomenta la creatividad.
Y, además, será este año uno de los 10 escenarios que le abrirá campo a la quinta Bienal Internacional de Danza de Cali.
Para Daniela Gómez, licenciada en artes de la Universidad Distrital de Bogotá, “este tipo de resignificación cultural dignifica la labor del artista, porque demuestra de facto el poder que cualquier oficio relacionado con las artes tiene de generar espacios dentro de los lugares ya concebidos, pero sobre todo, de construir ecosistemas creativos dentro de un lugar que hace años era la antítesis del arte, el licor y todo lo que esto implica socialmente. Hacer arte en ese lugar es hacerles un homenaje a los bailarines de Cali, es decirles: Miren, ustedes son dueños de este espacio donde antes no había nada”.
Juan Pablo López, director de la Bienal, contó a CALI24HORAS que “este espacio empezó como una apuesta del gobierno del presidente Juan Manuel Santos y de la entonces ministra de Cultura, Mariana Garcés, por construir un Bailódromo para los caleños”.
Al darse cuenta de que el presupuesto que le implicaba a la Nación y a la Administración distrital invertir dinero en un espacio como estos, “decidieron formar este mismo espacio en las antiguas licoreras del Valle del Cauca”, que hoy, ya como un recinto para los bailarines de Cali, está compuesto por seis salas de ensayo, escenarios y espacios para la construcción de la memoria racial del Pacífico.
Para los organizadores de este evento que ha puesto a Cali bajo la lupa del mundo entero, construir en la antigua Licorera del Valle un escenario para los hombres y mujeres que se dedican a ser bailarines, “parte del principio por la diversidad”, como indica López. Y, aunque este lugar, que hoy se llama La Licorera, fue inaugurado en 2019, por la llegada de la pandemia, será estrenado ante los espectadores de Cali en la Bienal de Danza del 2021.
“Eso, así parezca poquita cosa, debe ser motivo de orgullo para los artistas caleños porque van a demostrar la fuerza que su oficio tiene en la ciudad, el espacio histórico que se han venido ganando con años y años de trabajo. Este es un espacio no de la Bienal de Danza, la Licorera del Valle que hoy es un escenario para el arte, es un lugar que demuestra el poder de transformar territorios que tiene cualquier tipo de expresión artística”, destaca Gómez, “es muy emocionante, porque los escenarios siempre son para el teatro, así es como siempre se ha pensado en Colombia, entonces es muy satisfactorio ver que los bailarines caleños ya tienen su sitio”.
No hay Cali sin baile. Para los bailarines de la Bienal de Danza de Cali es difícil concebir el mundo sin poder mover el cuerpo: sin arar el suelo que los ha sostenido mientras intentan contarle a alguien, a la vecina, a los amigos, a quien los suele ver con algo de orgullo, que la vida siempre es más bonita cuando logran convertir sus cuerpos en eso que se transforma cuando pisan una pista de baile, un escenario, o simplemente cuando todo se dispone para bailar. Por eso, para ellos, que están a pocos días de ser los protagonistas del encuentro de bailarines más grande de Colombia, “es genial saber que después de que se acabe la Bienal podremos seguir haciendo uso de este lugar que ya es de nosotros”, expresa Cristian Espitia, bailarín de Cali.
De acuerdo con Juan Pablo López, el mayor reto de esta Bienal ha sido “la pandemia, juntar a artistas que vienen de todo el país y de otros países en medio de la pandemia, que todavía no se ha acabado, ha sido lo más duro de todo”. Sin embargo, el equipo organizador tiene fe en que así como la danza logró transformar la antigua licorera del Valle en un escenario para el arte, asimismo podrá hacer del evento un espacio de encuentro inolvidable, una experiencia con la que los más de 400 bailarines invitados y, por supuesto, todos los caleños, puedan vibrar con la música y con la vida que hoy empieza a nacer en los escenarios de Cali, tras año y medio de silencio en los cuerpos.
La Bienal de este año tendrá como eje temático a Colombia, por lo que serán los bailes y los artistas nacionales quienes se robarán los reflectores del evento, y los países internacionales invitados serán Brasil, Suiza, Francia, Senegal y Uruguay, naciones que se mezclarán con la fuerza indescifrable de los bailarines caleños que todo lo cambian, todo lo alegran y lo convierten en belleza, como pasó en uno de sus escenarios centrales, en el que demostrarán que donde antes se fabricaban licores para los ebrios, hoy se cocinan fórmulas para alegrar la vida a través del baile.
