El sonido de las ‘chuspas’ empacando los trapos que con la prisa que la noche les permitía guardaban. La bulla de la lancha acercándose hacia el puerto mientras el éxodo de hombres y mujeres de Santa Bárbara de Iscuandé contaban los minutos para huir del territorio invadido por grupos armados. Esos son los recuerdos que Esteban Sinisterra tiene de los últimos momentos que vivió en el lugar donde nació y al que, por los estragos de la violencia, nunca volvió.
Pero se necesita más que la guerra y que el miedo para apagar la luz de personas como Esteban, quien logró dar un paso más allá del conflicto que su pueblo vivió cuando él apenas tenía siete años y encontró en la costura una manera de entender y escuchar a su gente.
Luego de su salida de Santa Bárbara de Iscuandé, que queda a unos 550 kilómetros de la capital del departamento de Nariño, y que es un lugar anegado de ranchos imponentes, vías por las que el río mece el aliento de los rajadores de leña y vegetación virginal, alguna vez, justo allí, entre la sentencia que los hombres armados les dieron a los habitantes del pueblo y una lancha que los transportaba hacia otra vida, Esteban decidió que cualquiera que fuera su camino sería el de ver a su familia feliz. Orgullosa. Pero sobre todo, segura en el país en el que vivirían por el resto de sus vidas. Y lo logró, porque hoy, Esteban, de 23 años, se convirtió en un reconocido diseñador de modas que viste a artistas y figuras políticas como Francia Márquez, la joya de su corona.
Inspirado en las figuras de “los hermanos africanos”, como él dice, y en la inspiración “que viene desde mis ancestros”, Sinisterra creó Esteban África, una apuesta por mantener vivo a través de la moda el legado de las comunidades negras y el poder de las luchas de mujeres imbatibles como su abuela, su mamá y, por supuesto, como Francia Márquez.
“Cuando recién había empezado con Esteban África, Francia me buscó, me dijo que necesitaba que le tomara las medidas para los vestidos que iba a usar en los debates. Yo en ese momento no podía, pero ella se me metió al rancho, porque no existe una persona más sencilla que Francia”, cuenta él. Le tomó las medidas. Escuchó lo que ella quería. Y así fue como sus manos convirtieron las telas que hoy Francia Márquez, fórmula vicepresidencial del candidato Gustavo Petro, en los paisajes del Pacífico invisible. En los gritos de un pueblo que Esteban escuchó gritar y que hoy escribe sobre tela africana con aguja e hilo.
Su amor por el diseño de modas comenzó allá, en alguno de esos barrios de la comuna 12 de Buenaventura a los que hay que señalar con el dedo índice para saber dónde están: su abuela y su tía arreglaban la ropa de los vecinos y él, luego de aprender las primeras técnicas de costura que ellas le enseñaron, arreglaba los pantalones de “los señores” del barrio. Así empezó todo.
De las tantas maneras que hay para comunicar y entender a las comunidades marginadas del Pacífico colombiano, Esteban encontró en la ropa un parlante que grita a voz en cuello los dolores, la frustraciones, alegrías y convicciones de la comunidad a la que él pertenecía, “para mí el cuerpo es nuestro alfabeto y la ropa es lo que comunicamos”.
Turbantes, blusas, faldas. Ropa para hombres y mujeres. Colores que son la voz de los pueblos y de los ríos que nadie oye. Cada uno de sus diseños es único. Fresco e innovador. Y hasta el momento ha diseñado para Francia 14 que ella luce en los debates y en eventos públicos: ese es su mayor orgullo, que una figura política de la categoría de Francia Márquez vista con la lucha de los pueblos invisibles. Actualmente, Sinisterra es también estudiante de Trabajo Social de la Universidad Santiago de Cali y gracias a ellos encontró herramientas y razones para creer firmemente en el diseño de modas como una acción política contundente, porque “la identidad debe brillar ante todo, para las comunidades, la identidad es lo más importante, porque es una manera de narrar el territorio y convertirlo en una prenda”.
Sus sueños son muchos, como ir a Colombia Moda, que sus trajes de colores vivos desfilen sobre las pasarelas de países europeos. Y, claro, que sus diseños, fundidos entre la voz de sus hermanos y ancestros sean tendencia, voz viva al ser usados por personas como Francia, que siempre brilla por la fuerza de sus ideas y la belleza sus vestidos, que son la voz de los pueblos de los que vienen jóvenes como Esteban Sinisterra, que hoy siguen esperando a que su grito de esperanza se convierta en la posibilidad de un país diferente.
