El ultimo barco cabotado de negros esclavizados llegó a puerto Cabello Venezuela el 26 de mayo de 1825. La nave tenía el nombre de Roma libre, al mando de José del Cotarro. A su arribo a este puerto descargó 35 esclavizados, era el comienzo de una emancipación que se constituiría en el sueño de millones de negros que fueron arrebatados de su país para dedicarlos a la servidumbre en bien de los blancos.
En esa época y a comienzos del siglo XIX, ya se vislumbraban los gritos de abolición e independencia. En 1821 se había firmado la ley de libertad de vientres. En 1823 se había declarado la prohibición total al comercio de esclavos sin lograr que se cumpliera totalmente; sin embargo, la libertad plena de los negros se da el 21 de mayo de 1851 cuando finalmente se decreta la libertad de los esclavizados a partir del 1 de enero de 1852 pero con la condición de que el Estado pagaría una indemnización a los propietarios de los negros, condición que hoy reclaman los pueblos afro porque no tiene lógica que se haya tenido que indemnizar a los que extinguieron culturas y cometieron genocidios contra los negros traídos de África.
Fueron muchos los acontecimientos que hoy marcan la historia en los procesos independentistas y abolicionistas en Colombia; no obstante, no todos han sido registrados en la historia para que las comunidades emergentes se enteren.
Durante el tiempo de la invasión los esclavizados estaban sujetos a su amo en cuerpo alma y espíritu de tal forma que no había lugar a protestas y mucho menos a oponerse a hacer la voluntad del amo.
En lo que hoy es Venezuela, y donde la historia registra el nacimiento y vida de importantes hombres y mujeres que se unieron a la gesta libertadora y abolicionista sin escatimar el menor esfuerzo, hoy reviviremos la historia de dos negras que se ocuparon de amamantar y criar a Simón Bolívar El Libertador.
Para ponerlos en contexto este espacio está dedicado a dos heroínas de la afrovenezolanidad, quienes con sus luchas, sus ideas y sus aportes marcaron la historia de Venezuela, muy conocidos para algunos y tal vez desconocidos para otros. Por ello, publicamos sus biografías a fin de contribuir a la difusión del conocimiento acerca de estas dos afrovenezolanas hoy invisibilizadas en la historia.
Hipólita y Matea Bolívar
Hipólita y Matea estuvieron con el niño Simón de 9 años cuando en 1792 muere -aún muy joven- su madre María Concepción Palacios. En ellas se cobijó el triste Simoncito, aún incapaz de comprender la magnitud de su desgracia.
Hipólita lo adoptó y lo amamantó como a su propio hijo mientras Matea lo atendía como a un hermanito a quien le enseña lo bueno y lo malo que depara la vida. Las dos lo acompañaron luego, ya mayor, en el penoso dolor cuando en 1803 murió su esposa María Teresa del Toro en la casa El Ingenio, en San Mateo.
Años después lo vieron llegar glorioso a Caracas en agosto de 1813 luego de la Campaña Admirable. Estuvieron como soldados y enfermeras cuando la hermosa casa de San Mateo se transformó en cuartel del ejército libertador.
Le arrojaron flores y lágrimas alegres desde los balcones de Caracas cuando lo observaron por última vez en 1827. Seguía siendo para ellas ‘el niño Simoncito’. Muchos comentaban que El Libertador al verlas comentó: “Allí están mis amadas negras: Hipólita que me dio de comer, Matea que me enseñó mis primeros pasos”.
Sus nombres han estado siempre en la memoria de Venezuela porque representan la historia tierna y bonita del Padre de la Patria durante su niñez, adolescencia y juventud. Como verdaderas madre y maestra, por obra y gracia del destino y de las circunstancias, Hipólita y Matea forjaron en el futuro de El Libertador los más nobles sentimientos humanistas, morales y libertarios.
Estas mujeres representantes de la negritud, de la afrodescendencia, de la venezolanidad, amigas inseparables, hermanas en la historia, esperan estar pronto en el Panteón Nacional junto a su ‘niño Simoncito’, como cariñosamente le decían a Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Ponte Palacios y Blanco. Así era el nombre completo de El Libertador.
