Los peritos forenses sostienen que los muertos hablan. Aunque la afirmación puede sonar exagerada lo que viene ocurriendo en las pequeñas ciudades que rodean a Kiev, capital de Ucrania, parece dar la razón a estos especialistas en levantar cadáveres: desde la semana pasada, cuando las tropas rusas abandonaron el casco urbano de Bucha y Motiyin, al menos 410 cadáveres de civiles han sido encontrados con las manos y pies atados, con signos de muerte en indefensión y con tiros de gracia, lo que habla de ejecuciones extrajudiciales y a sangre fría.
Entre los cadáveres reportados por las autoridades en Motiyin se encuentran los de Olga Sujenko, alcaldesa de la ciudad, su esposo Igor y su hijo Oleksandr. Según informó este lunes el Ministerio del Interior de Ucrania, sus cuerpos sin vida fueron enterrados en una tumba poco profunda en las afueras de la localidad.
Desde que las tropas rusas se retiraron de las poblaciones alrededor de Kiev, los soldados ucranianos están divulgando por las redes sociales imágenes y videos de presuntos civiles asesinados, casas destruidas y vehículos calcinados.
Ante la magnitud de esas evidencias el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, viajó este lunes a Bucha y recorrió la fosa común en donde las autoridades encontraron 340 civiles enterrados. “Es muy importante que esté aquí la prensa, los periodistas internacionales. Tenemos que poder mostrar al mundo lo que ha ocurrido, las atrocidades de las fuerzas rusas”, clamó Zelenski.
El líder ucraniano, vestido con chaleco antibalas, destacó la importancia de “llevar a la justicia internacional los crímenes de guerra cometidos por el ejército ruso contra la población civil. Ustedes ven lo que pasa cada día cuando nuestros combatientes entran y recuperan territorios. Haremos que los responsables de este genocidio sean castigados”.
El mandatario de Ucrania concluyó su conversación con los periodistas de las agencias y medios internacionales con el anuncio de que mañana (martes) expondrá “los detalles de las atrocidades rusas ante la comunidad internacional durante la reunión del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, ONU”.
¿Campaña de desprestigio?
El canciller ruso, Sergei Lavrov, negó las acusaciones contra el Gobierno de Moscú por los asesinatos de civiles en Bucha. El alto funcionario denunció que se trata de una puesta en escena orquestada por las autoridades de Ucrania.
“Las fuerzas armadas rusas, como parte de una reconfiguración de su presencia, abandonaron la zona de Bucha el 30 de marzo, y durante los 3 días siguientes el alcalde habló allí en la televisión y dijo que la ciudad estaba volviendo a la normalidad. Las fuerzas armadas ucranianas aparecieron, mostraron las calles donde no había cadáveres, y 3 días después probablemente decidieron organizar una escenificación similar”, planteó Lavrov.
El canciller ruso pidió este lunes una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de la ONU, para tratar el tema, pero no le fue concedida ya que existía una cita previa del mismo organismo que se cumplirá mañana y en la que Rusia puede participar.
“Ya durante la operación militar en Ucrania hubo muchos ejemplos en los que se lanzó una campaña de propaganda. En la ONU expondremos esas falsedades, al igual que contaremos la situación de principios de marzo, cuando intentaron presentar como una tragedia los hechos que tuvieron lugar en un hospital materno de Mariúpol”, concluyó Lavrov.
Condena internacional
Pese a la negativa de Rusia de aceptar su responsabilidad en los presuntos crímenes de guerra que denuncia Ucrania, la comunidad internacional anunció nuevas sanciones. Alemania fue el primer país de la Unión Europea, UE, en reaccionar y declaró como personas no gratas a 40 diplomáticos rusos en la mañana de este lunes.
En horas de la tarde Francia anunció la expulsión de 35 rusos con pasaporte diplomático “cuyas actividades son contrarias a nuestros intereses de seguridad”, según informó el Ministerio de Exteriores. Previamente, Emmanuel Macron, presidente francés, afirmó que “hay pistas muy claras que apuntan a crímenes de guerra. Está más o menos establecido que el ejército ruso es responsable”.
Estados Unidos no se quedó atrás y su presidente, Joe Biden, tachó a su homólogo ruso, Vladimir Putin, de ser un “criminal de guerra” y destacó la necesidad de recoger las evidencias de lo ocurrido en Bucha para enjuiciarlo. “Usted recuerda que me criticaron por llamar a Putin criminal de guerra. La verdad es lo que ocurrió en Bucha. Por eso es un criminal de guerra, pero tenemos que recopilar la información para llevarlo a juicio”, afirmó el mandatario quien agregó: “Es necesario que continuemos suministrando a Ucrania las armas que requieran para luchar”.
Otra medida de Estados Unidos contra Rusia fue adelantada por su embajadora ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield, quien aseguró que su país pedirá a la Asamblea General que suspenda a Rusia del Consejo de Derechos Humanos. En la actualidad, Moscú se encuentra en su segundo año de un mandato de tres años en el Consejo con sede en Ginebra.
Se requieren 128 votos, 2 tercios de la Asamblea General conformada por 193 países miembros, para suspender a un Estado del organismo por cometer de forma persistente violaciones flagrantes de los derechos humanos.
Desde el Kremlin Dmitry Peskov, vocero del gobierno ruso, pidió a los líderes occidentales no apresurarse a emitir un juicio y sostuvo que “la cronología de los sucesos en Bucha no respalda la versión del genocidio que maneja Kiev”. Peskov se rehusó a comentar si la controversia sobre posibles crímenes de guerra afectaría las conversaciones de paz entre Moscú y Kiev, que se debían reanudar el 4 de abril.
Por su parte Zelenski puso en duda que las conversaciones puedan continuar: “Es muy difícil hablar cuando ves lo que han hecho aquí. Cuanto más alargue Rusia las negociaciones, peor será para ellos”.
