Como si fuera una novela mal escrita, Henry ‘La Mosca’ Caicedo, exdefensor central del Deportivo Cali en la década de los años 70 y comienzos de los años 80 entró al otoño de su vida convertido en lo que -tal vez- más pudo haber odiado en su época de lucidez y vitalidad absoluta: en los restos de su fuerza y sagacidad física.
“Durante dos años nadie supo de mi hermano, porque estaba muy juicioso, no salía a ninguna parte, salíamos de vez en cuando a las canchas Panamericanas a comernos un cholado o a recibir la brisita de la tarde, pero él vivía todo el tiempo encerrado en la casa, no salía a ninguna parte; es que luego de su rehabilitación él se aferró mucho a nosotras (sus hermanas) y no salía, por eso es que no entiendo qué fue lo que salió mal”, dice Margarita Caicedo, hermana de ‘La Mosca’; se refiere a que el 25 de octubre, su hermano sufrió un derrame cerebral que ahora lo tiene anclado a una camilla “en estado crítico, la vida mi hermano se está apagando y, aunque los médicos están haciendo lo más que pueden, él ya está en las manos del Señor”.
Durante su juventud, Caicedo se convirtió en la leyenda del fútbol del Deportivo Cali, la fuerza de su patada y la velocidad con la que se movía como central del equipo verde y blanco, así como la cercanía que tuvo con Miguel Escobar, otro legendario central del Deportivo Cali, hizo que del nombre de Henry Caicedo brotara su impronta personal: ‘La Mosca’, dos palabras que definían la pasión y velocidad con las que actuaba en la cancha.
Los goles de ‘La Mosca’ se empezaron a convertir en las campanas de su victoria. Los cantos de las barras bravas y los apasionantes comentarios que relataban el movimiento de sus piernas, que saltaban como liebres endiabladas detrás de la pelota, fueron también la renuncia irresoluble a la grandeza con la que se enfrentaba a mediados de los años 70, “era una época en la que tener contacto con el mundo de la droga daba un cierto estatus social, era –si así se quiere ver– un símbolo de glamour en el que caminaron artistas, directores de cine, actores, pintores y deportistas, como en este caso le ocurrió a ‘La Mosca”, cuenta Mariana Zapata, historiadora.

Así fue: la carrera de Caicedo empezó a descender mientras su cercanía con el alcoholismo y la drogadicción aumentaban cada vez más, de alguna manera, el atardecer de su carrera empezó en ese punto en el que el gran Henry Caicedo supo que el punto de retorno hacia la orilla brillante de su carrera estaba totalmente perdido; en varias ocasiones (comienzos y mediados de la década de los años 90) Caicedo fue enviado a Cuba para ser sometido a un proceso de rehabilitación, pero siempre volvía a Colombia con el proceso interrumpido, “la falta de dinero y de otro tipo de recursos hacían que él volviera a Colombia, hasta que poco a poco comenzó a depender de nosotras, sus dos hermanas”, dice Margarita.
La imagen de aquel hombre delgado, con su cabello encanecido, sus dedos molidos por los años y las rudezas a las que la piel de esta proeza del fútbol colombiano ha sometido a su piel, su mirada desconectada, su vida pendiendo de un aire que a duras penas se siente. Su cuerpo a merced de una lucha, que podría ser su última lucha, contrasta con la fuerza devoradora de aquel hombre que fue ‘La Mosca’, y gracias a esa grandeza, futbolistas, periodistas, hinchas y fanáticos del gran Caicedo se unieron para ayudarlo, para revivir su fuerza y símbolo con la solidaridad, pues solo hasta hace dos días, su familia rogaba que la Clínica Nuestra de Cali, “le diera una atención digna a mi hermano, lo tenían de una camilla a una silla de ruedas todo el tiempo”.
El camino que ‘La Mosca’ ha tenido que recorrer desde hace una semana, cuando sufrió el derrame cerebral, “ha sido terrible, él empezó con dolores en el cuerpo. Lo llevamos a la Clínica Nuestra y allá nos dijeron que él estaba bien, la médica que lo atendió indicó que estaba bien”, que tal vez estaba sufriendo efectos secundarios de un medicamento que le estaban suministrando, “y nosotros le creímos, porque Henry no sufre de nada, ni diabetes, ni nada. Él había estado muy bien”.

Al llegar a la casa, Margarita empezó a ver que su hermano se convirtió en presa de unos dolores que le retorcían los huesos. No habló más. No se quejó más. No comió. “Nos devolvimos al otro día y apenas el doctor lo atendió, nos dijo ‘a Henry le dio un derrame’. Ahora su pronóstico es reservado, pero me duele ver a mi hermano así, dependiendo de nosotras para todo, y nosotras pidiendo que nos ayuden”.
Desde que se supo la situación de salud por la que hoy atraviesa ‘La Mosca’, Margarita ha recibido llamadas de Argentina, España, Chile y Canadá, “todos los hinchas de Henry se han unido a una sola voz, todos llamando y preguntando por él, todos queriendo ayudar”, la situación económica por la que el futbolista empezó a atravesar hace años, desde que se retiró definitivamente del fútbol, es, según Margarita, porque “no supo administrar la plata por las adicciones. Pero él estaba limpio, completamente limpio”.
Estaba intentando entregarse dignamente a los brazos de la vejez. Nadie esperaba que un accidente cerebrovascular interrumpiera su vida de esa manera, ahora solo queda esperar a que esta gran figura del deporte nacional pueda tener la fuerza para ganar el que podría ser el último partido de su vida.
