El 3 de mayo se celebra el rito católico de la Santa Cruz, que representa, para muchos, al padre, al hijo y al espíritu santo. Una tradición que sobrepasa los 500 años de celebración y que llegó en compañía de la conquista española en América.
Sin embargo, este día se remonta a antiguos relatos que datan del siglo IV D.C. donde aparentemente el emperador romano Constantino tuvo un sueño previo a una batalla decisiva donde una voz le decía que debía adornar las cruces para poder triunfar; y que luego de seguir esos pasos, agregando a las banderas de sus múltiples batallones una cruz rodeada de flores, el éxito durante su mandato, fue asegurado, dando atribución hacia el mítico sueño que le dio el camino favorable. Tiempo después de esa premonición, la mamá de Constantino, Santa Elena, viajó hasta Jerusalén, y luego de excavar en el Monte Gólgota encontró tres cruces, donde supuso que dos de ellas correspondían a los ladrones y la restante, a la que fue utilizada para la crucifixión de Jesús de Nazareth.
Fue entonces cuando más de mil años después de aquel rumor del sueño de Constantino, el fraile belga, radicado en lo que actualmente es México, Pedro de Gante, durante el proceso de colonización española, puso en alto conmemorar todos los 3 de mayo esta celebración. Otro de los motivos que en la mayoría de colonias procedentes de España se celebra esta ocasión, es el Día del Albañil, festividad celebrada principalmente en el país azteca y con cierta relevancia en países como Perú, Guatemala, España, El Salvador y Colombia.
